Fidel Castro, discurso del 15 de octubre de 1980, por vuelo sovietico-cubano al cosmos

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El cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo Méndez
Yuri Romanenko, el compañero de vuelo de Tamayo y comandante de la Soyuz-38
Fidel Castro y Yuri Gagarin, Plaza de la Revolución, La Habana, 26 de julio de 1961.
Arnaldo Tamayo en el traje de cosmonauta
Tamayo en la estación orbital Saliut-6 junto a los cosmonautas soviéticos Romanenko, Popov y Riumin.
Traje espacial de Arnaldo Tamayo en museo cubano
Tamayo es recibido en su ciudad natal de Guantánamo, después del vuelo al cosmos. Llega en un An-24 de Cubana

Discurso pronunciado por Fidel Castro, Presidente de la República de Cuba, en el Acto Central por el Primer Vuelo Conjunto Sovietico-Cubano al Cosmos, efectuado en el Palacio de las Convenciones, el 15 de octubre de 1980, "Año del Segundo Congreso".


(VERSIONES TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO)


Queridos compañeros Romanenko, Tamayo y Shatalov;

Distinguidos invitados;

Compañeros soviéticos y cubanos:


Meditaba hoy que a lo largo de la historia de nuestra Revolución se han establecido entrañables, fraternales, amistosos lazos, entre los cosmonautas soviéticos y nuestro pueblo.


Solo cuando pasan los años, es que podemos ver el significado de algunos hechos. Es así como recordamos que, coincidiendo precisamente con la invasión mercenaria e imperialista de Playa Girón, se produjo el primer vuelo en el espacio cósmico; por primera vez el hombre pudo volar al espacio cósmico. Y solo algunas semanas después, y como una evidente y gran prueba de solidaridad, la Unión Soviética envió a Gagarin a visitar nuestro país. Gagarin dejó en el seno de nuestro pueblo y en la mente de todas las personas que lo trataron, una imborrable impresión, por sus características revolucionarias, políticas, humanas, realmente insuperables. Fue Gagarin, precisamente, el primero en recibir en nuestro país la Orden Playa Girón, la más alta condecoración que había creado la Revolución.


A lo largo de estos años, prácticamente no hay un solo cosmonauta soviético que no haya visitado a Cuba. Y en nuestro país hace varios años, nuestro Partido decidió construir una casa de descanso, en una de las mejores playas de Cuba, para los cosmonautas soviéticos (APLAUSOS). Algunos han visitado varias veces a Cuba. Gagarin fue el Presidente de la Sociedad de Amistad Cubano-Soviética; y ahora otro cosmonauta, el querido compañero Shatalov, dos veces Héroe de la Unión Soviética, es el Presidente de la Sociedad de Amistad entre Cuba y la URSS (APLAUSOS).


Es que para nuestro pueblo los cosmonautas constituyen la expresión del hombre soviético, de los mejores frutos de la Revolución soviética. Si la generación de Lenin hizo la Revolución y la generación subsiguiente defendió la patria y derrotó al fascismo, esta generación se caracteriza por los grandes avances y las grandes conquistas científico-técnicas, y por haber desarrollado los audaces hombres que han conquistado el espacio.


Cuando Gagarin profetizó que no pasarían muchos años antes de que cosmonautas cubanos viajaran al espacio, ¿quién iba a imaginarse que 19 años después, un día como hoy, nos reuniéramos para festejar, para honrar, para homenajear a la tripulación soviético-cubana, que nos ha permitido decir que ya nuestro país ha enviado un hombre al espacio?


Un cosmonauta no se escoge al azar. Tamayo ha dicho aquí que se siente honrado, muy honrado, puesto que nuestro Partido y nuestro Gobierno lo escogieron para ser el primer cosmonauta cubano. Eso no es así. Repito que un cosmonauta no se escoge al azar, se requieren condiciones excepcionales para esa misión: se requiere un gran carácter, se requiere una gran capacidad; se requiere un gran valor, una gran serenidad; se requiere una actitud revolucionaria, se requiere una moral muy alta, se requiere ser ejemplo. En dos palabras: se requiere para ello ser un comunista (APLAUSOS).


Yo dije recientemente, y lo reafirmo, que las virtudes revolucionarias, el valor, y muchas de las condiciones que representa el compañero Tamayo, son precisamente las virtudes de nuestro pueblo; y dije que podía haber en nuestro país millones de Tamayos, y que estaba convencido de eso, porque realmente estoy convencido.


El es un símbolo del carácter, de la decisión, de la audacia, del valor, de la inteligencia y del espíritu revolucionario de nuestro pueblo; él simboliza a nuestros heroicos combatientes, a los heroicos combatientes que dieron su vida por el triunfo de la Revolución, por la defensa de la Revolución; él simboliza a los heroicos combatientes internacionalistas de nuestro pueblo; él simboliza a nuestros heroicos trabajadores internacionalistas; él simboliza a los vanguardias de nuestra clase obrera; él simboliza a los trabajadores ejemplares; él simboliza a los héroes del trabajo. Sin embargo se requieren circunstancias y se requieren méritos excepcionales para que nuestro pueblo escoja a alguien que lo simbolice.


Con la Revolución las puertas se abrieron para él al igual que para toda nuestra juventud, al igual que para todo nuestro pueblo: la oportunidad de estudiar, la oportunidad de superarse, la oportunidad de servir a su pueblo.


Era una opción suya, como joven humilde, y se ha dicho y se ha repetido y se ha insistido, en su cuna humilde. Y es porque realmente constituye todo un símbolo el hecho de que nuestro primer cosmonauta, y el primer cosmonauta de América Latina y el primer cosmonauta de Africa, y no es un capricho que nosotros digamos que es también el primer cosmonauta de Africa, porqueTamayo, hombre eminentemente negro, que lleva también en su sangre la sangre del indio y la sangre española, es todo un símbolo de la sangre mezclada que en el crisol de la historia de nuestra patria dieron origen a nuestro pueblo; sangre africana, sangre india, sangre española. Por eso decimos que también simboliza a Africa, puesto que es el primer descendiente de africanos que ha viajado al espacio (APLAUSOS). Y es todo un símbolo que un hombre de origen tan humilde haya alcanzado tan extraordinario éxito, porque, desde luego, solo la Revolución y únicamente la Revolución, habría hecho posible que un joven como Tamayo tuviera esa posibilidad.


El, cuando ingresó en los Jóvenes Rebeldes; cuando marchó junto con otros miles de jóvenes como él a la Sierra Maestra y escaló cinco veces el Turquino, como una de las pruebas por la que debían de pasar nuestros jóvenes; cuando se incorporó a las actividades revolucionarias, cuando ingresó en las escuelas creadas por la Revolución, cuando dijo presente al llamado de formar los primeros pilotos, precisamente en el año 1961; cuando marchó a la Unión Soviética, cuando regresó a nuestro país, cuando continuó estudiando, cuando continuó superándose, cuando continuó formándose, cuando continuó educándose como un joven comunista primero, como un comunista después; cuando continuó ascendiendo como piloto de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, cuando continuó recibiendo responsabilidades, cuando continuó ascendiendo entre nuestros oficiales, y cuando mantuvo a lo largo de todo ese tiempo, casi 20 años, una conducta ejemplar, una conducta intachable, una conducta revolucionaria, una conducta comunista, no fuimos nosotros, fue el propio Tamayo quien, sin desearlo y sin saberlo, se escogió a él mismo para ser el primer cosmonauta cubano (APLAUSOS) .


Y así ha sido la vida de miles, decenas de miles, cientos de miles de nuestros compatriotas; así ha sido la vida de cada dirigente revolucionario, así ha sido la vida de cada miembro del Comité Central de nuestro Partido, de nuestro Buró, de nuestro Secretariado; así ha sido la vida de todos los dirigentes; así ha sido la vida de los cuadros administrativos, de nuestros ministros, de nuestros vicepresidentes; así ha sido la vida de los miembros de nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular; así ha sido la vida de nuestros oficiales en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en el Ministerio del Interior; así ha sido la vida de miles y miles de médicos, decenas de miles de técnicos, más de 100 000 profesores y maestros; así ha sido la vida de todos nuestros héroes del trabajo; así ha sido la vida de nuestras masas abnegadas y luchadoras, esforzadas, porque todos, por regla general de familias humildes, de origen humilde, supieron escoger, y también sin pretenderlo y sin desearlo, el lugar que ocupan hoy en el seno de nuestro Partido, de nuestro Gobierno, en el seno de nuestra Revolución (APLAUSOS).


En este viaje no se trataba ni mucho menos de buscar honores, se cumplían objetivos, y objetivos de gran importancia para el mundo, objetivos de gran importancia para nuestro país.


Una de las cosas realmente más valiosas fueron las investigaciones que se llevaron a cabo. Aquí el compañero Romanenko y el compañero Tamayo hablaron de estas investigaciones, investigaciones médicas variadas, investigaciones acerca de la naturaleza y los recursos naturales de nuestro país, investigaciones acerca de los materiales valiosos, indispensables para el desarrollo de la electrónica y la microelectrónica, investigaciones relacionadas con la energía solar y las posibilidades de su aprovechamiento, se hicieron en fin, numerosas investigaciones útiles.


Y no quiero decir que el valor esté en el número de esas investigaciones y en el contenido de cada una de ellas, sino lo que puede significar para la humanidad todo lo que puede desarrollarse y todo lo que puede descubrirse e investigarse con los viajes cósmicos.


Si queremos tener una idea concreta de la utilidad de este esfuerzo del hombre, baste decir, por ejemplo, que gracias a los satélites tenemos inmediatamente el estado del tiempo, tenemos las fotos de los ciclones y de su recorrido, instrumento valiosísimo hoy día para enfrentarse a esos fenómenos, para adoptar con todo el tiempo necesario las medidas adecuadas que pueden salvar miles de vidas; gracias a los satélites en fracciones de segundo millones de personas en nuestro país podían observar lo que estaba ocurriendo en Baikonur; gracias a los satélites la navegación de altura en los océanos es mucho más segura; gracias a los satélites en cuestión de minutos los pueblos, por distantes que se hallen, pueden comunicarse entre sí.


De modo que el hombre empieza a beneficiarse y se ha beneficiado mucho ya con las investigaciones y con los vuelos en el cosmos.


Estos hechos extraordinarios, de los que nuestra generación ha sido testigo, ¿quién habría podido imaginárselos hace solo algunas decenas de años? Cuando pensamos precisamente en los tiempos de Lenin, qué lejos estaba el mundo de imaginar que aquella revolución, la primera revolución socialista, la primera revolución proletaria, el primer Estado de obreros y campesinos tan combatido por la reacción, tan agredido, al extremo de llegarse a la intervención colectiva, ¿quién iba a decir que de aquella revolución saldrían estos frutos? ¿Quién iba a imaginar que algún día ese país sería el primero en conquistar el espacio cósmico? Porque fue la URSS la que abrió el camino de la conquista del espacio cósmico (APLAUSOS). Fue la URSS la que envió los primeros satélites, fue la URSS la que envió el primer hombre al espacio. Ese mérito, esa gloria, ese honor no se lo puede negar ni arrebatar nadie.


Es la URSS la que con más seriedad ha continuado las investigaciones espaciales, sin espectacularidad, sin sensacionalismo, y lo hemos visto a lo largo de 20 años, en los trabajos sistemáticos año por año que viene realizando la Unión Soviética en el espacio, y no con fines meramente comerciales, sino con fines realmente científicos.


Lo hemos visto en estos días, porque nunca hemos estado tan cerca de los acontecimientos. Leíamos, veíamos, escuchábamos sobre los vuelos espaciales, pero nunca habíamos estado tan cerca como cuando le correspondió a un cubano participar en uno de esos vuelos.


Quizás en unos días hemos aprendido más de cosmonáutica y del espacio de lo que habíamos aprendido en 20 años. En unos días hemos tenido más conciencia del colosal esfuerzo realizado por el pueblo soviético en ese terreno, de lo que lo habíamos obtenido en 20 años, desde la posibilidad de contemplar el despegue sensacional, espectacular, increíble de ese gigantesco cohete en Baikonur, hasta ver con nuestros ojos las imágenes del acoplamiento, de los trabajos en el espacio, y recibir las informaciones sobre el centro de control de vuelo, las computadoras, la Ciudad Estelar, las investigaciones que se hacen y cómo se hacen.


Es increíble que en el solo período de una generación, prácticamente en el período de la vida normal del hombre, se haya pasado de la ficción, porque los vuelos espaciales eran cuestión de ficción, cuando muchos de nosotros que no somos tan viejos éramos niños, y se hablaba en películas de ficción, en libros de ficción de viajes espaciales; y en el período menor que la vida promedio de un hombre se han producido estos cambios tan extraordinarios.


Es sin duda, lo que hemos podido ver, una gran victoria del socialismo.


No niego y no voy a negar que también los capitalistas y los imperialistas han alcanzado logros técnicos importantes; no voy a decir que están subdesarrollados en el área de la tecnología y de la ciencia; pero hay una diferencia, y es que sabemos que aquellas cosas que están desarrollando, que aquella técnica y aquella ciencia no es para nosotros, es contra nosotros; no es para ayudarnos, es para explotarnos; no es para que nos sintamos más seguros, sino para que nos sintamos más inseguros. Y quién puede hablar con más moral que Cuba, que ni siquiera puede sentir la alegría de que se haya descubierto en Estados Unidos un medicamento, aunque fuera una aspirina más eficiente para los dolores de cabeza, porque está prohibido venderle incluso aspirinas a Cuba. Esa es la diferencia de lo que significan los logros científicos y técnicos del socialismo para nosotros y para la humanidad. Sentimos que los triunfos de la Unión Soviética son nuestros propios triunfos (APLAUSOS PROLONGADOS).


Seríamos responsables de un chovinismo estrecho, aunque todos los chovinismos son estrechos, seríamos responsables de estéril vanidad si nos sintiéramos simplemente orgullosos porque un cubano voló al cosmos, y solo por eso; si por ello nos fuésemos a considerar los cubanos mejores que otros pueblos. No, muy lejos estamos de eso. Más que como cubanos, nos sentimos orgullosos como revolucionarios, nos sentimos orgullosos de la Revolución, nos sentimos orgullosos como socialistas, nos sentimos orgullosos como comunistas, porque fue la Revolución, fue el socialismo, fueron las ideas geniales de Marx y de Lenin, fue la lucha del pueblo soviético lo que hizo posible estas realidades, fue el esfuerzo de miles y miles de científicos y de técnicos e investigadores, que pudiéramos simbolizar en uno de ellos, por ejemplo, Serguei Koroliov, el padre del desarrollo de las naves espaciales.


Como él, miles de científicos y técnicos, cientos de miles de obreros, un pueblo todo trabajó para alcanzar esos logros que hoy consideramos como nuestros. Y fue gracias a la Revolución, al socialismo y al comunismo que estas victorias fueron posibles. Victorias de las que todos los pueblos del mundo y sobre todo los pueblos subdesarrollados, los pueblos cuyos recursos económicos y científicos no les permiten por sí mismos llevar a cabo proezas de este tipo, nos sentimos beneficiados, nos sentimos estimulados. Todos los cubanos estamos conscientes de la modestia de nuestro aporte. Por eso, como revolucionarios, como socialistas, como comunistas, como internacionalistas, nos sentimos orgullosos de esta proeza (APLAUSOS). No es un orgullo nacionalista, es un orgullo internacionalista.


Es realmente muy alentador todo lo que hemos podido ver en estos días y nuestro pueblo se sintió realmente feliz, se sintió emocionado como pocas otras veces, se sintió altamente estimulado, pero como revolucionario, como socialista, como internacionalista. Explico esto para que se comprendan bien nuestros sentimientos, que estos hechos, estos éxitos nos hacen más revolucionarios, nos afianzan más en nuestras convicciones y demuestran todo lo que puede llegar a realizar un pueblo con la revolución y con el socialismo. Por eso hoy podemos decir no por virtudes excepcionales, no porque seamos superiores a otros pueblo; si no que por la Revolución, por el socialismo y por el internacionalismo hoy ya no somos solo el primer país latinoamericano en salud pública, el primer país latinoamericano en educación, el primer país latinoamericano en desarrollo social que se ha liberado de infinidad de lacras, como la mendicidad, la prostitución, las drogas, el juego, etcétera, etcétera, etcétera; no solo somos el primer país de América Latina en deporte; ya somos también el primero en el cosmos (APLAUSOS). Y Romanenko, explicaba que éramos la novena potencia cósmica, bueno, yo digo: sí, la novena potencia cósmica, considerando que la potencia cósmica de la URSS también nos pertenece a nosotros (APLAUSOS).


Cuántos beneficios pudiera recibir la humanidad de estas creaciones, de estos éxitos de la investigación, de la ciencia y la técnica del hombre; cuántos problemas podrían resolverse, cuántas cuestiones angustiantes hoy en muchos terrenos podrían superarse; cuando uno contempla la precisión, la maravilla que son esas máquinas, las cosas que son posibles de realizar y la seguridad con que hoy se realizan, cuando el hombre es capaz de fabricar máquinas tan perfectas, cuando el hombre es capaz de resolver problemas tan complejos y la increíble seguridad con que los resuelve, y que se puede apreciar en un episodio como este de un vuelo espacial, es inevitable pensar realmente en el crimen que significa la guerra, el crimen que significa la carrera armamentista. Porque eso mismo que hemos visto en el vuelo espacial, esa misma precisión, esa exactitud, es la que tienen hoy las armas nucleares, es la que tienen hoy los cohetes estratégicos. Y es realmente abrumador, es profundamente doloroso pensar que la técnica, que tanto puede servir a la humanidad, pueda servir, precisamente, para la destrucción de la humanidad. En días recientes se recibieron las noticias de que un cohete "Titán", norteamericano, había estallado. El cohete, ¡menos mal que fue el cohete!, pero en cuya punta tenía una cabeza nuclear de 20 megatones, es decir, mil veces la potencia nuclear de la primera bomba lanzada en Hiroshima.


Es verdaderamente absurdo que en esta época, y con las realidades de este mundo, los países imperialistas alienten todavía ambiciones, o haya en el seno de los países imperialistas corrientes que propugnen la superioridad militar sobre el campo socialista. Es conocido que en el mundo de hoy se ha alcanzado lo que se conoce por la paridad, más o menos el equilibrio de fuerza militar. Hay, sin embargo, en el seno del imperialismo, corrientes que propugnan la carrera armamentista y que propugnan la superioridad militar. La teoría de la superioridad militar, de llevarse a la práctica, obligaría al campo socialista, y fundamentalmente a la Unión Soviética, a un enorme esfuerzo en el terreno militar; porque, como han declarado clara y terminantemente el Gobierno soviético y el Partido soviético, la Unión Soviética no permitirá jamás ningún tipo de superioridad militar imperialista sobre el campo socialista (APLAUSOS).


Pero, ¿qué interés puede tener el socialismo en la carrera armamentista? ¿Qué interés puede tener la economía socialista en la producción de armas? Si la producción de armas es uno de los recursos a los que acuden los países capitalistas para buscar ganancias, para buscar empleos, para palear sus crisis, ¿qué interés, o qué necesidad pueden tener los socialistas en esto? Los países socialistas, y fundamentalmente la URSS, se caracterizan no solo por el pleno empleo, sino que, en muchos casos, los países socialistas más desarrollados el problema que tienen es la falta de brazos.


Por principio, la economía socialista no puede tener ningún interés en la producción de armas, en la carrera armamentista. Es precisamente la falta de identidad entre los intereses del sistema y los intereses de los pueblos, lo que lleva al sistema capitalista por esos caminos, lo que lleva al sistema capitalista a buscar la carrera armamentista.


Hoy mismo leíamos nosotros las noticias en los cables de la venta de miles de millones de dólares, en este caso de francos, en armas a un país petrolero árabe, ¡que tiene mucho dinero, porque tiene mucho petróleo! Y así, en dos palabras, una sola compra de 4 500 millones de dólares, realizada por la Arabia Saudita a Francia, un colosal negocio.


Sigue desarrollándose el comercio de armamento y la industria de armamento, y los negocios de miles de millones se hacen así, como si tal cosa. Claro, hay algunos que tienen, ¡muchos millones, demasiados millones! Pero no hay que olvidar que el mundo está pagando en parte ese armamento, ¡en parte!; porque cuando los países subdesarrollados tienen que pagar esos precios por el petróleo, precios que están virtualmente fuera del alcance de sus recursos, y cuando tienen que estar pagando más caro no solo el combustible, sino tienen que pagar más caras las materias primas semielaboradas y los productos de las industrias de los países capitalistas desarrollados, no hay dudas de que esos países están pagando también parte de esas armas.


Siguen dedicándose miles de inteligencias, decenas de miles, cientos de miles, a desarrollar sistemas de armas cada vez más mortíferas, de armas cada vez más exactas, cada vez más precisas, cada vez más destructivas. Y estamos viendo este espectáculo que parece realmente un espectáculo de locos, así, de locos.


Por este camino que tratan de imponer al mundo los países imperialistas, por este camino de la carrera armamentista, va a llegar el momento en que ya no se medirá por toneladas de explosivos el per cápita que le corresponde o. cada ser humano en este mundo; por este camino, cada ser humano va a terminar teniendo una bomba atómica sobre su cabeza. Y hay que ver, ¡y está por ver!, si el hombre es capaz de sobrevivir a los medios de destrucción que ha desarrollado. Porque no hay duda de que la tensión internacional y la carrera armamentista, tarde o temprano conducen a la guerra; no hay duda de que los problemas en el mundo y los focos de conflicto, lejos de disminuir, aumentan. No vivimos en los tiempos prehistóricos; no vivimos en los tiempos antiguos, ni en la Edad Media, ni en la época feudal. Antes lo que un hombre hacía podía afectar al clan o a la tribu; lo que una tribu hacía podía afectar a varias tribus. Hoy lo que un hombre con poder haga puede afectar a todo el mundo, hoy lo que una nación haga puede afectar a todas las naciones del mundo y el problema no consiste solo en el peligro de guerra, sino que hay otros problemas asociados a toda esta situación internacional, problemas muy preocupantes y cada vez más preocupantes.


Hace unos minutos mencionábamos la cuestión energética, y el problema energético se convierte ya para decenas y decenas de países en una cuestión vital para su desarrollo. Y en estas condiciones no habrá desarrollo para decenas y decenas de países en el mundo. El agobiante problema de la energía es uno de los graves problemas que el mundo tiene por delante a resolver. El problema de la alimentación es también otro de los grandes problemas que el mundo tiene por delante. Al cabo de 20 años, y 20 años pasan rápido, hace ya más de 20 años del triunfo de la Revolución, hace ya casi 20 años del primer vuelo espacial, hace casi 20 años que nos visitó Gagarin en nuestro país; 20 años pasan rápido, y dentro de 20 años el mundo tendrá ó 400 millones de habitantes.


Hoy mismo la FAO realizaba un llamado a la opinión mundial ante el hecho de que más de 200 millones de personas estaban pasando hambre en Africa y en el sudeste asiático. Los desarrollos agrícolas, la producción de alimentos, exigen maquinarias, exigen fertilizantes, exigen pesticidas, exigen energía; están los problemas del medio ambiente, están los problemas de la contaminación de las aguas, la destrucción de los suelos, la destrucción de los bosques, la destrucción de la naturaleza; existen y se acumulan tremendos problemas en el mundo. ¿Cómo pueden ser resueltos esos problemas en medio de un clima de tensión internacional y de carrera armamentista?


Esta experiencia que hemos vivido en estos días ha de servir para que tomemos más conciencia de estos problemas y de estas realidades, y la importancia que tiene la lucha por la distensión internacional y la lucha por la paz.


Nuestro pueblo hace lo que puede y hace lo que debe. Hemos creado en nuestro país las mejores condiciones para trabajar por el futuro en la preservación de nuestros recursos, en el desarrollo de las condiciones de vida en nuestros campos, en el desarrollo de las condiciones de vida en las ciudades; hacemos un enorme esfuerzo por preservar la salud de nuestra población cada vez más, hacemos un gigantesco esfuerzo por educar a las nuevas generaciones. Nos corresponderá también, en la medida de nuestras fuerzas y de nuestras posibilidades, trabajar por la paz internacional, por la comprensión entre los pueblos; nos corresponde también seguir llevando adelante nuestra colaboración internacional con países subdesarrollados aún más pobres que nosotros, que requieren de esa colaboración. No está en nuestras manos, está en las manos de todos los países revolucionarios, de todos los países progresistas, de todos los gobernantes conscientes, librar esta decisiva lucha para tratar de cambiar el curso actual de los acontecimientos, para tratar de evitar que el mundo siga avanzando por ese callejón sin salida de la carrera armamentista y de la guerra, que puede significar la aplicación de todas esas maravillas técnicas y científicas, a la destrucción de la vida de cientos de millones, o tal vez miles de millones de seres humanos.


Pienso que este éxito, esta proeza realizada por los hermanos soviéticos con la participación de un compatriota nuestro, debe servirnos de estímulo. Tamayo y Romanenko, los dos primeros en recibir el título de Héroe de la República de Cuba, deben constituir para nuestra juventud y nuestro pueblo un ejemplo, un ejemplo para todos los combatientes de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, un ejemplo para nuestros jóvenes comunistas, para los militantes del Partido, para todos los estudiantes, para todos los trabajadores. Porque lo que se deduce con una claridad meridiana es que estos hechos no son posibles sin una gran preparación, de que el avance y el progreso humano no es posible sin un gran esfuerzo, sin muchos sacrificios, sin mucho estudio. Todos hemos sido informados con qué dedicación estos compañeros, con qué dedicación, Romanenko y Tamayo se dedicaron a la preparación para el viaje. Largos períodos de estudio y de entrenamiento, que requerían perseverancia, que requerían tesón, que requerían voluntad, para realizar no solo tareas de orden mecánico, para ser capaces no solo de resolver problemas que pudieran presentarse, sino también para llevar a cabo investigaciones serias. Sin la voluntad que demostró Tamayo, sin su espíritu de consagración al deber, al estudio, al trabajo, sin su constancia, sin su abnegación no habría podido cumplir su misión. Por eso deben ellos constituir un ejemplo para todos los revolucionarios.


Hablaba de que hay problemas en el mundo, y problemas serios. No somos, sin embargo, pesimistas; creo que la inteligencia del hombre y la capacidad del hombre serán capaces de sobreponerse a las fuerzas reaccionarias, a las fuerzas retrógradas, a las fuerzas irresponsables que están arriesgando la supervivencia del mundo, que están arriesgando la paz del mundo y que están amenazando a la humanidad con un increíble retroceso.


No se detendrá la marcha del progreso, porque la marcha del progreso no puede detenerla nadie, la marcha de la historia no puede detenerla nadie, la marcha de la lucha por la independencia y la liberación de los pueblos no puede detenerla nadie. Es absolutamente ridículo, constituye una gran mentira y una verdadera superchería tratar de atribuir a un supuesto expansionismo soviético el movimiento de liberación de los pueblos, las revoluciones. Nada tuvo que ver la Unión Soviética con el surgimiento de la Revolución Cubana, tuvieron que ver sí las ideas de Lenin, tuvieron que ver los cambios en la correlación de fuerzas del mundo, pero nada tuvo que ver el Estado soviético con el surgimiento de la Revolución Cubana; nada tuvo que ver con el surgimiento de la Revolución, por ejemplo, en Nicaragua o con el estallido de una revolución en Etiopía, que no quiso seguir resignada a vivir en un régimen feudal en un reino milenario.


¿Quién puede culpar a la Unión Soviética del movimiento de liberación de Angola y de Mozambique? ¿Quién puede culpar a la Unión Soviética de la lucha del pueblo vietnamita por su liberación? No son más que mentiras y pretextos de los imperialistas. Por eso pienso que no se detendrá la lucha de los pueblos, el progreso de los pueblos, el movimiento de liberación de los pueblos; que la humanidad será capaz de ganar también la batalla por su supervivencia.


Y nosotros, en este mundo cada vez más interrelacionado, cumpliremos nuestro deber, trabajaremos por nuestro país, y colaboraremos también con otros países. Estamos dispuestos a seguir una política constructiva y una política de paz, ¡de la misma manera que estaremos dispuestos a defender nuestra patria y nuestra Revolución y nuestra causa hasta con las uñas y hasta con los dientes! (APLAUSOS) ¡Estaremos dispuestos a defender el primer Estado socialista del hemisferio occidental hasta la última gota de nuestra sangre! (APLAUSOS) ¡Y esto sépanlo bien quienes hablan de bloqueos navales a Cuba, y quienes hablan de agresiones a Cuba! (APLAUSOS)


Con profunda emoción escuchaba, al inicio de este acto, los hermosos y heroicos himnos de la Unión Soviética y de Cuba en este histórico acto, que constituye una prueba de la estrecha, indestructible y eterna amistad entre nuestros dos pueblos.


¡Patria o Muerte!


¡Venceremos!

(OVACION)

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