Candelaria Acosta

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Candelaria Acosta
Candelaria Acosta.jpg
Candelaria Acosta a los 73 años, en 1924.
Nacimiento 2 de febrero de 1851
Bandera de Cuba.png Cuba
Defunción 23 de mayo de 1932
Bandera de Cuba.png Cuba
Lealtad Bandera de Cuba.png Cuba
Nacionalidad Bandera de Cuba.png Cubana
Residencia Bandera de Cuba.png Cuba
Ruinas de La Demajagua, conservadas hoy en día
Campana de La Demajagua, con cuyo toque Céspedes pronunció el Grito de Yara, comienzo la Guerra de los Diez Años

Candelaria Acosta Fontaigne ("Cambula") (Veguitas, Cuba 2 de febrero de 1851 - 23 de mayo de 1932), fue una independentista cubana, que pasó a la historia como la mujer que confeccionó la Bandera de la Demajagua, bajo la cual los cubanos comenzaron las guerras de independencia; y por su relación sentimental con el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes.

Candelaria Acosta era la hija de Juan Acosta, mayoral de la finca de Céspedes La Demajagua y de Concepción Fontaine.

Bandera de la Demajagua

Resuelto a sublevarse, el 9 de octubre de 1868 Céspedes despachó varios emisarios citando a los patriotas de la zona, para reunirse en su finca La Demajagua. Pero necesitaba con urgencia de una bandera bajo la cual se realizaría el levantamiento. Recordando el diseño de la bandera de Narciso López, Céspedes decidió una variante suya con los mismos colores azul, rojo y blanco. Llamó a Candelaria a su casa en La Demajagua, y le señaló la necesidad de contar para el día siguiente con la bandera. Candelaria llegó a la casa de Céspedez, examinó el esbozo de la bandera y dio su opinión sobre la cantidad y cantidad de tela necesaria.

Céspedes llamó al mayordomo del ingenio José Antonio Castillo ("Moringo"), y le encomendó que él o algunos de sus hombres viajara con urgencia a Manzanillo a comprar la tela. La tarea debía hacerse con con discreción, pues las autoridades españolas ya estaban alertas sobre sus planes conspirativos, y los habían mandado a arrestar. Como Moringo podía levantar sospechas de los españoles, se fue junto a un tal Eustaquio, apodado "Negro Colorado". Horas después ambos regresaron con las manos vacías, pues casi se topan con postas españolas que registraban a todos a la entrada de Manzanillo, y no se arriesgaron.

Esto contrarió mucho a Céspedes, y fue a buscar a Candelaria a contárselo. La joven, llena de fe y confianza, le propuso entonces hacer la bandera con telas de ella misma. Candelaria rasgó el cielo del mosquitero de una cama de color rojo, y cortó una tela blanca que había comprado días antes para hacerse un corpiño. Pero no tenían tela azul. Desesperado, Céspedes entonces dirigió su mirada hacia el velo azul que cubría el retrato de su difunta esposa, orgulloso de que aquella dama sonriente de grandes virtudes y respetada memoria pudiera de alguna manera, ayudar en el problema, y exclamó:

"!Aquí está el azul!".

Cuando Céspedes intenta desprender el velo del retrato, Candelaria le dice:

“No es necesario, yo tengo un vestido azul de mi uso”.

Reunidas las telas por fin, bajo la dirección de Céspedes y sentada en la misma espaciosa sala, se puso a coser la bandera. Terminada la bandera, casi cuadrada de 126 cm de ancho por 130 cm de largo, Céspedes dice:

“Falta ahora una estrella de cinco puntas”, a lo que ella contestó:

“No la sé bordar y aunque lo supiera tampoco lo haría porque no sé dibujarla”.

Observando la escena se encontraban numerosos espectadores, ansiosos de ver por fin la bandera de la insurrección. Entre ellos estaba el joven de 20 años Emilio Tamayo, que quería ser el abanderado, y que entonces dibujó la estrella en un papel. Candelaria usó el papel como calco sobre la tela con alfileres, la recortó y cosió. Aunque como ella reconoció, no quedó muy bien, porque no era experta costurera, y la mutitud los apuraba por venir ya la noche.

Emilio Tamayo recibió la bandera de manos de Candelaria, y la paseó por el batey del ingenio ya convertido en campamento, bajo los vítores de los presentes.

A las 10 de la mañana del día siguiente, Céspedes preside el juramento de los casi 500 conjurados, bajo la nueva bandera enarbolada por Emilio Tamayo, apuntalando su estirpe patriótica con la sentencia:

"Primero mueran antes que verla deshonrada".

De esta forma Candelaria entró en la historia cubana junto a la bandera de la Demajagua, insignia bajo la cual Céspedes lanzó el Grito de Yara, que inició la Guerra de los Diez Años por la independencia de Cuba.

Ya entrada la guerra, Céspedes decide poner a resguardo la bandera para evitar que cayera en manos españolas. Se la envía a Ana de Quesada y Loynáz, su segunda esposa, que residía Nueva York tras haber sido desterrada de Cuba por el Capitán General, acompañana de una carta escrita el 18 de octubre de 1871, donde le decía:

“Te envío mi Bandera de Yara, guárdala con cuidado religioso hasta nuestros días”.

Después de varias peripecias la bandera fue a parar a su destino en 1872, y no regresa a Cuba hasta 1898.

El 12 de agosto de 1898 se firmaron en Washington los protocolos de paz, y las tropas españolas evacuaron la provincia de Oriente. Ana de Quesada inmediatamente parte de regreso a Cuba con la bandera, y desembarca en Santiago de Cuba en setiembre de 1898. Es recibida por su hijo, el Coronel Carlos Manuel de Céspedes, acompañado del General José Lacret Morlot y sus ayudantes. Varios días después van a Manzanillo, invitados por el Mayor General Francisco Javier de Céspedes, que ya tenía 80 años. Al ver la bandera de la Demajagua, el anciano veterano quedó profundamente conmovido.

A fines de diciembre Ana de Quesada y Loynáz con su hijo parten a La Habana en barco, adonde llegan el 1 de enero de 1899 a las 5 de la mañana. Curiosamente, horas antes había sido arriada la bandera de España de la Fortaleza del Morro y La Cabaña, terminando con siglos de colonialismo español en Cuba.

Al enterarse Candelaria Acosta de que la bandera ya estaba a salvo en La Habana, parte desde santiago de Cuba para reconocerla. Al verla exclamó:

“Esta es la Bandera que cosieron mis manos la tarde-noche del 9 de octubre de 1968 y no otra”.

La bandera de La Demajagua fue conservada como patrimonio nacional, y aunque no es la oficial, sigue usándose hasta hoy en las sesiones del parlamento cubano, hoy Asamblea Nacional del Poder Popular.

Relación con Céspedes

Carlos Manuel de Céspedes enviudó en 1868, y tiempo después estableció una relación amorosa con la joven Candelaria Acosta Fontaigne, una mestiza de 17 años, hija de su mayoral. El amor de Céspedes le inspiró a escribir la canción "La Cambula" en su honor, de ahí el mote de Candelaria.

Candelaria acompañó a Céspedes durante los primeros años de su lucha revolucionaria. De la unión de Céspedes y Candelaria nació en la manigua la niña Carmen. Los peligros del monte y la guerra obligaron a Céspedes a organizar el viaje de ambas a Jamaica, el 9 de septiembre de 1871. Al partir de Cuba, Cambula de nuevo estaba embarazada, y en Kingston tuvo a su hijo Carlos Manuel Acosta, en 1872.

En la capital jamaicana fue ayudada por exiliados cubanos. Céspedes le escribió con frecuencia, hasta su muerte el 27 de febrero de 1874. Pero Candelaria no pudo regresar a Cuba hasta depués de la guerra, en 1881 con sus dos hijos. Sufrió muchas dificultades económicas, pues toda su familia había muerto, y se vio sola con sus dos niños pequeños. Cuatro años después se unió al catalán Antonio Acosta, con el que tuvo tres hijos más: Isabel, Ernesto y José.

Por su parte Carmita, la hija de Cambula y Céspedes se casó en Santiago de Cuba con Antonio Milanés, con quien tuvo 5 hijos. Más tarde ese matrimonio se fue a vivir a Jamaica, pero volvieron a Cuba, donde ella murió en 1898 durante el bloqueo norteamericano.

El otro hijo Carlos Manuel Acosta, quien al comenzar la Guerra del 95 no se había levantado a pelear todavía, provocó con ello la ira de su madre Candelaria, quien fue a verlo para decirle:

"Parece mentira que tú, siendo hijo de Carlos Manuel de Céspedes, un hombre tan patriota, estés todavía aquí".

A lo que la hermana Carmita exclama:

“Mamá no le digas así, ¿y si lo matan?”,

A lo cual Candelaria replica rápidamente:

“¿Qué importa?, ¡cuántos cubanos han muerto por ver su patria libre¡ Si muriera en la guerra, orgullosa me sentiría de que un hijo mío hubiera muerto defendiendo su patria.


Carlos Manuel Acosta se casó varias veces y tuvo una larga descendencia. Carlos murió el 4 de mayo de 1966.

Candelaria Acosta murió el 23 de mayo de 1932.


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