Grito de Yara

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Carlos Manuel de Céspedes proclamando la idependencia de Cuba
Bandera de La Demajagua
Ruinas de La Demajagua, conservadas hoy en día
Campana de La Demajagua, con cuyo toque Céspedes pronunció el Grito de Yara, comienzo la Guerra de los Diez Años

El Grito de Yara fue la acción que dio comienzo a la lucha independentista cubana, el 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua. En este lugar Carlos Manuel de Céspedes proclamó la independencia de Cuba y los principios de la lucha revolucionaria, con el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, basado en la igualdad de todos los hombres, fuesen blancos o negros, cubanos o españoles. Esta proclama inicia la Guerra de los Diez Años y otros levantamientos, que terminaron con el fin de la colonización española en 1898.


Preparativos de la sublevación

En marzo de 1866 La Demajagua fue comprada por Carlos Manuel de Céspedes a su hermano Francisco Javier de Céspedes, con todas sus dependencias y esclavos. El ingenio azucarero fue entonces modernizado y allí se desarrolló por vez primera el trabajo asalariado. Céspedes, hombre progresista y ferviente promotor de las ideas independentistas, lo usó como centro conspirativo para preparar el levantamiento armado contra la metrópoli española.

El 4 de agosto de 1868 los patriotas se reunieron en San Miguel del Rompe, hacienda de Las Tunas, encuentro conocido como la Convención de Tirzán, en la cual se debatió sobre la organización y fecha de inicio de la contienda libertadora. Allí Carlos Manuel de Céspedes declaró que "El poder de España estaba carcomido y caduco", y si aún parecía fuerte era a consecuencia de que "Por más de tres siglos lo contemplamos de rodillas". Al argumento de la falta de armas respondió: "¡Debemos quitárselas al enemigo!".

Ante las divergencias acordaron reunirse de nuevo, esta vez el 3 de septiembre en la finca Muñoz, también de Las Tunas. Allí se decidió primero esperar el fin de la zafra azucarera de 1868 – 1869, para luego iniciar la lucha, pero al final se decide iniciar el levantamiento el 14 de octubre de 1868. Así, tras cuatro años de preparación y organización del alzamiento, por fin se decide la fecha.

Pero los españoles se enteraron de los preparativos. El 7 de octubre el Capitán General envió un telégrafo a Bayamo, ordenando la prisión de Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Javier de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo, Bartolomé Masó, Francisco Maceo Osorio, y otros conocidos desafectos a la Corona española en la zona.

Afortunadamente, el texto cifrado pasó primeramente por las manos de Ismael de Céspedes, hijo de Francisco Javier y sobrino de Carlos Manuel, el cual detuvo el documento por algunas horas y puso sobreaviso a los implicados. Aquella misma noche Céspedes envió emisarios por todas direcciones convocando a una concentración urgente en La Demajagua, para proclamar allí la independencia.

El día 8 de octubre habían estado el Gobernador con varios españoles en el vecino ingenio Santa Isabel de Agustín Valerino, buscando a Céspedes para arrestarle junto a todas las personas con que con estuviesen con él. Al no encontrarlo, el Gobernador da instrucciones a la policía para que vigilasen a cuantos trataran de entrar o salir de la ciudad de Manzanillo.

El 9 de octubre ya se habían reunido casi todos los complotados en La Demajagua, listos a levantarse, pero Céspedes necesitaba de una bandera con la cual iniciaría el levantamiento. Decidió hacer una con los mismos colores azul, rojo y blanco que la bandera de Narciso López, y le pidió a su amiga Candelaria Acosta, hija del mayoral de la finca, ayuda en confeccionarla. Céspedes mandó a emisarios a Manzanillo para comprar la tela con urgencia. Pero éstos regresaron con las manos vacías, pues cerca de la ciudad los vecinos les advirtieron de los controles españoles.

Candelaria entonces le propone a Céspedes hacer la bandera con telas de sus vestidos. La noche del 9 de octubre Candelaria termina la bandera y se la entrega al abanderado Emilio Tamayo, quien la paseó por el batey del ingenio ya convertido en campamento, bajo los vítores de los presentes.

La sublevación

A la mañana siguiente del 10 de octubre, Céspedes ordenó el toque de la campana y reunió a todos, incluyendo a los esclavos. Presentó la bandera confeccionada, que desde entonces es conocida como bandera de la demajagua, y se la entregó al abanderado Emilio Tamayo, apuntalando su estirpe patriótica con la sentencia: "Primero mueran antes que verla deshonrada".

Seguidamente Céspedes dio lectura al Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, dirigido a sus compatriotas y a todas las naciones, señalando las causas de la lucha que iniciaba y proclamando los dos principios básicos que serían sus banderas de combate: la independencia de Cuba, y la igualdad de todos los hombres. Inmediatamente dio la libertad a sus esclavos, dándoles la condición digna de "ciudadanos", y los invitó a unirse a la lucha.

Se produjo así en La Demajagua lo que pasaría a la historia como el Grito de Yara, que inició la Guerra de los Diez Años (1868-1878).

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